El cerebro de Einstein

No es ciencia ficción. Tampoco es de extrañar que el cerebro del físico más célebre del siglo XX fuese un “bien” cotizado. ¿Estaba ahí el secreto de su inteligencia?

20120126Einstein

Eso debió preguntarse Thomas Stoltz Harvey, el patólogo forense que dirigió la autopsia de Albert Einstein en el Hospital de Princeton (Nueva Jersey, 1955). No era especialista en el análisis del cerebro, ni tenía autorización para extraerlo. Pero lo hizo, y durante más de 40 años mantuvo la voluntad de descubrir su secreto. Nunca concluyó nada, aunque sí se dedico a enviar a varios científicos una muestra de las más de 170 láminas en las que había dividido el cerebro del genio. Abatido, quizás por el remordimiento, decidió finalmente deshacerse de su preciado tesoro y creyó que el cerebro del difunto Einstein debía estar en manos de su familia. Intentó devolvérselo a la nieta de Einstein, Evelyn, en un viaje desde Nueva Jersey a California, donde estudiaba ella. En este peculiar periplo le acompañaría el escritor Michael Paterniti, quien plasmó el viaje en su libro, “Driving Mr. Albert: A Trip Across America with Einstein’s Brain” (“Viajando con Mr. Albert”).

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